¿SABES QUÉ SON LAS ILUSIONES ÓPTICAS?

CS2oQ2OW4AEh1EI

Formas, Figuras, Ilusiones

¿Se cree siempre lo que se ve?

¿Alguna vez ha calculado mal una distancia, o le ha parecido que la Luna corría por el cielo, o ha visto salir volando una hoja (que en realidad era un bicho)? En el mundo de la visión, no siempre lo que se ve es lo que es porque, cuando los datos que permiten ver se combinan de cierta manera, resultan engañosos.

El mundo que conocemos consta de infinitas combinaciones de formas: desde las líneas rectas que se trazan con regla hasta los vericuetos que componen los circuitos de una computadora; y la forma de cada objeto se complica aún más por las variaciones de color y los matices de luz y sombra. Pero el cerebro lo discierne todo y pone orden en ese caos, de modo que lo asombroso no es que en ocasiones el ojo se deje engañar, sino que casi siempre vea las cosas que existen en realidad.

¿Qué es la ilusión óptica?

De hecho, todo lo que vemos es una ilusión óptica, porque la visión no es sino una reconstrucción que la mente hace de la realidad. Según parece, el cerebro, programado para esperar ciertas cosas de la realidad, compara todo lo que ve con ese conocimiento innato y luego saca sus conclusiones. Además, continuamente van adquiriéndose otros conocimientos que, junto con el innato, el cerebro utiliza para analizar lo que percibe y lograr una paulatina comprensión de la realidad.

Pero ¿qué sucede cuando el cerebro saca conclusiones falsas? ¿Cometió algún error? No forzosamente. En la mayoría de los casos, el cerebro procesó bien los datos visuales, pero éstos eran equívocos.

Muchas ilusiones ópticas dependen de cómo se miren las cosas, como ocurre con el conocido dibujo que es a la vez una joven y una anciana: visto de cierto modo, no hay duda de que es una joven muy guapa; pero si se enfoca la vista de otra manera, el mentón de la joven se vuelve una nariz enorme y aparece la anciana. En otra ilusión óptica, lo primero que se ve es una vasija blanca contra un fondo negro, pero luego éste se convierte en los perfiles de dos rostros, uno frente al otro, contra un fondo blanco.

¿Pueden ciertas formas provocar más confusión visual que otras?

Al cerebro parece costarle trabajo formarse una imagen exacta de ciertas figuras geométricas: cuando ve un círculo, lo considera menor de lo que es, e incluso al ver una forma aparentemente tan sencilla como la de un cuadrado, puede parecerle más alta que ancha. Y si resulta que el cuadrado está de lado o no puede verse de frente, su forma se vuelve todavía más difícil de reconocer, al grado de que, si lo vemos desde uno de sus ángulos, ya no lo llamamos cuadrado sino rombo.

triangulo

Tendemos a pensar que las lineas rectas son más largas de lo que son, y las curvas suelen causarnos confusiones todavía mayores. Cuando en un cuadro vemos cierto “movimiento” debido a lineas curvas, esto se debe a que el cerebro está tratando de darles sentido a las figuras formadas por aquéllas.

Cuando el tren se para, ¿por qué el paisaje parece moverse en dirección contraria?

Se trata de un ejemplo de los efectos ilusorios posteriores a un movimiento, o de la “ilusión de cascada”, como lo llamó en 1834 un científico británico. Éste, al apartar la mirada tras haber contemplado largo rato una cascada, se sorprendió de ver que las orillas del río parecían levantarse despacio (“peculiar fenómeno óptico”, anotó).

Los investigadores actuales consideran que es el mismo tipo de reacción que produce las imágenes accidentales de color. Por cada neurona cerebral programada para percibir el movimiento de avance, hay otra programada para percibir el de retroceso. Se produce un desequilibrio en la estimulación de las neuronas al llegar a un alto tras cierto tiempo de movimiento, y el resultado es que el cerebro sigue percibiendo el movimiento, pero al revés.

Se puede ver este fenómeno en el Museo de la Ciencia y la Tecnología donde se hace girar una espiral para luego ver un tren parado “en movimiento”.

¿Cómo usa la naturaleza las ilusiones ópticas?

Muchos animales engañan la vista de sus enemigos, incluyendo a los cazadores humanos. Sencillamente se confunden con el fondo; su color natural es engañoso: no produce contrastes y no hay manera de distinguirlos. El contraste hace que se distinga con facilidad una escalera de mano, blanca, apoyada contra una pared roja, por ejemplo; pero si también la escalera fuese roja, no sería tan fácil verla.

El ojo también percibe la regularidad de las formas. Supongamos que la pared estuviera pintada a franjas rojas y blancas entrecruzadas; en este caso, la escalera blanca seria bastante difícil de distinguir, porque no contrastaría en medio de todas esas franjas uniformes.

Muchos animales se camuflan: los colores de numerosos insectos, por ejemplo, los ocultan a la vista de los depredadores; lo mismo sucede con las delicadas manchas blancas de los cervatillos y con los dibujos de los caparazones de tortuga, y es por eso que casi todos los peces tienen el dorso oscuro, para que las aves de presa no los vean fácilmente.

Pero los depredadores también se camuflan: el color del león africano se confunde con el de los secos pastizales en los que suele cazar.

De modo similar, los diseñadores militares recurren al color y a las formas para que las armas, los emplazamientos, los uniformes (y hasta ejércitos enteros), sean “invisibles” en medio del paisaje.

Un revoltijo en blanco y negro: ésta es la primera impresión ante esta rara fotografía. Pero los datos archivados en el cerebro ayudan a que la mente dé forma al conjunto. Para saber la identificación de la misma basta con pulsar en ella.

revoltijo

Para orientarnos, interpretemos los datos visuales

La mente siempre compara lo que ve con lo que sabe. El siguiente laberinto sería imposible de descifrar si no se supiera el significado de los datos visuales. Pero el saherlo permite hallar la solución.

laberinto

Según los datos visuales, cada cuarto tiene dos lados de espejo y dos abiertos. Hay que hallar los espejos y luego, desde el centro del laberinto, cruzar los cuartos consecutivamente y sin repetir ninguno (es válido salir del laberinto y volver a entrar). Imprime la imagen e intenta hallar la solución. La respuesta está en la propia imagen.

Juguemos a engañar a los ojos

La vista es casi siempre tan certera y fiel que nos parece que no puede tener fallos ni limitaciones, pero sí las tiene. En los tres juegos que se explican abajo se ve lo que no existe, y no se ve lo que sí existe.

La salchicha flotante

Para ver cómo flota una rarísima “salchicha dactilar”, se pone ambos índices a unos 15 o 20 cm de los ojos; los dedos tienen que apuntar el uno hacia el otro, y estar separados 1 cm. Ahora, sin desviar la vista, se mira un poco más lejos y se ve lo que ocurre.

salchicha

El punto movedizo

Se tapa con cinta negra el extremo de una linterna de pilas, de modo que sólo salga un rayito de luz. Se proyecta sobre una pared en un cuarto oscuro y se mira el punto de luz. Parecerá que éste se mueve, pero lo que se mueve son los ojos (movimiento autocinético).

movedizo

El punto ciego

La parte del ojo por donde sale el nervio óptico no tiene fotorreceptores, así que es un “punto ciego”. Alejarse de la imagen a unos 50 cm y taparse el ojo izquierdo; con el ojo derecho se mira fijamente el botón rojo y se acerca uno hasta que el botón azul desaparezca o a la inversa.

punto-ciego

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s