¿POR QUÉ TENEMOS QUE PROTEGER LA RETINA?

Conclusiones científicas

Margrain et al. (2004)10 realizan una revisión bibliográfica sobre el papel de la luz azul en la patogénesis de la DMAE y la ayuda que puede proporcionar el uso de un filtro.

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La evidencia en laboratorio ha demostrado que las reacciones fotoquímicas en el ambiente rico en oxígeno de la retina externa conduce a la liberación de especies reactivas de oxígeno (ROS) citotóxicas que causan estrés oxidativo mediante su interacción con los cromóforos de la retina, contribuyendo al desarrollo de la DMAE (por afectación del DNA mitocondrial del EPR), confirmado por el descubrimiento de que la terapia antioxidante tiene un efecto protector.

Aunque los fotorreceptores producen un continuo cambio de constituyentes celulares, este es un proceso imperfecto, y aunque el EPR está protegido por la melanina, se vuelve vulnerable con la edad.

Por tanto, la reducción de exposición a la luz azul se espera razonablemente que produzca una reducción en la progresión de la DMAE.

El cromóforo preciso envuelto en la patogénesis de la DMAE no está claro, pero la lipofucsiona, el pigmento del envejecimiento, que ha estado asociado continuamente con la DMAE, es un candidato probable. Su fotorreactividad aeróbica y sus efectos adversos en la actividad antioxidante junto con su acumulación gradual con el tiempo implica que la fototoxicidad de la retina aumenta substancialmente con la edad a pesar de los cambios en las características de absorción del cristalino.

Sin embargo, esta revisión concluye que sería precipitado recomendar el uso generalizado de filtros que bloquean la luz azul en los ancianos porque aunque la evidencia lo sugiere, no confirma que la luz azul ambiental cause daño en la retina y sea un factor de riesgo para la DMAE y otras patologías retinianas.

Respecto al papel de los filtros en la protección de la retina y la prevención de la aparición de ciertas enfermedades, no existen investigaciones que hayan llevado a cabo un ensayo clínico a gran escala para proporcionar una evidencia concluyente, aunque las hipótesis que se manejan sugieren un cierto beneficio.

 

Un número de investigadores han propuesto el uso de gafas de sol que atenúan las longitudes de onda corta para reducir en daño fototóxico potencial de la luz. Sin embargo, aparte de dos ensayos a pequeña escala en 3 personas con RP el posible efecto terapéutico de esta privación no ha sido evaluado.

Berson (1980) para comprobar la idea de que la privación de luz podía tener un beneficio terapéutico ralentizando la progresión de la RP, probó una lente escleral opaca en un solo ojo en dos pacientes con RP durante 5 años, de 6 a 8 horas al día.

Pero finalmente, halló que para los dos ojos la RP había progresado de la misma forma, comprobado en términos de AV, CV, electroretinograma (ERG) y fondo de ojo.

Las características de absorción ideal de gafas de sol o lentes intraoculares no ha sido establecida aun. Sin embargo, unas que reduzcan la cantidad de luz de longitud de onda corta que alcance la retina y que tengan una apariencia amarilla/naranja o bronce, podrían reducir la fotorreactividad aeróbica de la lipofucsina aproximadamente un 90% y ofrecer probablemente un efecto beneficioso en términos de fotoprotección de la retina.

 

PRESCRIPCIÓN

Seguir un método apropiado para la prescripción del filtro espectral específico que mejor se ajusta a las características de cada sujeto es clave para llegar a obtener un resultado positivo de su uso.

Los propios fabricantes de los filtros proporcionan tablas en las que se relaciona una gama de filtros con la conveniencia de prescripción para patologías concretas7, pero la consideración de la patología visual como núcleo central de la toma de decisiones no es un método fiable, ya que cada individuo puede tener diferentes manifestaciones y por tanto distintas necesidades.

La prescripción final de un filtro debe ser determinada por el análisis de datos provenientes de la evaluación clínica de la visión, su evaluación funcional en diferentes condiciones y las preferencias del interesado7. Este parece ser el procedimiento más completo.

 

Cantalejo (2001)7 propone procedimientos sistemáticos de observación y registro mediante la selección de muestras de conducta representativas y suficientes que permitan obtener referencias del comportamiento del sujeto ante diferentes circunstancias lumínicas que se producen durante el desplazamiento.

Debido a la gran variabilidad de las condiciones de luz y su influencia en la funcionalidad y desplazamiento en los sujetos de baja visión, resulta necesario un listado de situaciones significativas de cara a seleccionar un filtro efectivo.

Entre las muestras de conducta que se deberían considerar están, por ejemplo: respuesta a las condiciones de luz en el desplazamiento por interiores, adaptación a condiciones de luz cambiantes al pasar de un ambiente interior a uno exterior y viceversa o desde un lugar a la sombra a uno de luz solar intensa o de frecuentes claroscuros, respuesta a la luz cuando esta se encuentra de frente, a un lado o detrás del sujeto, etc.

Todas estas muestras deben contemplarse en un recorrido cuidadosamente diseñado, con el objetivo de incluir la mayor cantidad de componentes posible en el periodo más corto de tiempo y disminuir así los costes del proceso evaluativo. Una vez establecidas las rutas de evaluación, debe elaborarse un instrumento sistemático de registro que permita recoger de forma estructurada las respuestas del individuo.

Otro factor a tener en cuenta para la prescripción de un filtro es la tarea que se necesita realizar y determinar si su uso es adecuado.

En cuanto a la lectura, un protocolo clínico que se propone para la prescripción de filtros por parte de los optometristas es una vez corregido el error refractivo y evaluada la función binocular y la acomodación, se evalúa el efecto de un filtro de color en forma de lámina sobre el material de lectura.

Si existe algún beneficio, se llevará a cabo una prueba sistemática de gran variedad de colores con el Colorímetro Intuitivo para la prescripción individual y precisa de unas gafas con lentes de color.

Como todo el resto de ayudas utilizadas en la rehabilitación visual, la utilización correcta de los filtros de absorción selectiva requiere del adiestramiento del individuo mediante un entrenamiento por parte del técnico rehabilitador, en cuanto a la forma correcta de colocación de la montura, la identificación de las situaciones en las que se recomienda su uso, el proceso de adaptación a situaciones de luz cambiantes, el efecto en la visión del color etc.

 

Datos: Universidad Valladolid. Eva Seco ©

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