PROBLEMAS DERIVADOS DE ENFERMEDADES DE LA CÓRNEA

La córnea, la membrana delgada y transparente que cubre la pupila y el iris, es frágil. Sus lesiones, ya sean superficiales (queratitis) o profundas (úlceras), pueden infectarse (abscesos de la córnea) o cicatrizar mal y comprometer la agudeza visual.

Provocados por salpicaduras o partículas sólidas en el ojo y agravadas por la resequedad ocular y el uso de lentillas, las queratitis y los abscesos de la córnea son muy comunes y pueden ocurrir a cualquier edad. El profesor Christophe Baudouin, médico oftalmólogo, informa sobre las señales de alerta y el tratamiento de estos trastornos.

Ojos enrojecidos y dolor, síntomas de úlcera de córnea
La úlcera de córnea, también llamada queratitis ulcerativa, es una lesión en la superficie del ojo al nivel de las capas transparentes esenciales para la visión. Se trata de una herida a mitad de camino entre la queratitis, relativamente superficial, y la perforación de la córnea. Cuando hay infección, se habla de absceso de la córnea.

El profesor Christophe Baudouin observa: “La córnea es rica en terminaciones nerviosas. El dolor suele ser la señal de que hay una lesión. Es común que se acompañe de lagrimeo y sensibilidad a la luz y cuando la parte central está afectada, también de molestias para ver”.

El ojo se enrojece. Los vasos sanguíneos del blanco del ojo se hacen más evidentes y forman un círculo a veces visible en la periferia de la córnea. Su presencia ayuda a diferenciar patologías de la córnea como queratitis y úlceras de una simple conjuntivitis.

Úlcera de córnea, las causas
El diagnóstico de la úlcera de córnea y la queratitis se basa en los síntomas y el contexto de aparición. A veces, la causa del traumatismo es obvia: arena, la rama de un árbol, arañazos, salpicadura de detergente, rayos ultravioleta… En general, afortunadamente, estas lesiones son poco frecuentes, señala el profesor Baudouin: “La córnea es frágil pero está bien protegida. En caso de agresión, los párpados, por reflejo, se cierran. La película lagrimal es capaz de expulsar los cuerpos extraños y reparar los daños menores”.

En algunas personas, sin embargo, esta película lagrimal, rica en agentes protectores y antimicrobianos, es de mala calidad o es escasa. La córnea se vuelve sensible incluso al polvo más fino que puede crear microtraumatismos en su superficie. Los ojos se irritan y pican. “Este síndrome seco es responsable de la mayoría de las queratitis y úlceras de la córnea”, explica el especialista. Y añade que este se ve potenciado por la edad, ciertos medicamentos o enfermedades autoinmunes.

Las lentillas también aumentan las probabilidades de sufrir de microtraumatismos y, además, concentran los agentes infecciosos. “Las lentillas son la principal causa de miles de infecciones de córnea”, apunta el profesor Baudouin. “El porcentaje de infecciones es relativamente pequeño en comparación con los millones de personas que lentillas pero todavía es demasiado elevado si tenemos en cuenta los riesgos asociados con estas enfermedades”. El virus del herpes zóster puede infectar la córnea y crear recidivas en forma de queratitis o úlceras en determinadas circunstancias (fatiga, fiebre, rayos ultravioleta,…).

Las secuelas de las úlceras de córnea pueden incapacitar
Una lesión en la periferia puede llegar al centro de la córnea y una lesión superficial puede terminar perforándola. Además, cuanto más se extiende la lesión, más difícil es la curación, explica el especialista. “Incluso cuando se ha curado, la lesión puede ser responsable de queratitis recurrentes, porque la cicatriz es menos resistente a las agresiones ambientales. Esta enfermedad, queratalgia recurrente, es particularmente dolorosa y puede incapacitar. Algunas personas llegan a tener varias convulsiones al mes de varios días de duración. Solo las lágrimas artificiales y a veces un tratamiento con láser (de efecto peeling) consigue aliviar a estos pacientes”.

La cicatrización también puede conducir a la formación de un velo blanquecino, el leucoma corneal u opacificación de la córnea. Más allá de su apariencia antiestética, esta cicatriz disminuye la agudeza visual porque afecta el centro de la córnea. Se puede llegar al extremo de que el paciente solo perciba luz y bultos. La opacidad tiende a desaparecer al cabo de los meses pero si persiste puede ser necesario considerar un trasplante de córnea. “Las cicatrices de la córnea son responsables de cientos de trasplantes de córnea por año. Esta intervención es particularmente angustiosa para los afectados”, advierte el doctor.

Consultar urgentemente con un oftalmólogo
Si bien las lentillas son la fuente de la mayoría de las infecciones de la córnea, cualquier otro trauma puede abrir una brecha que facilite la penetración de los agentes patógenos. “Una queratitis superficial puede sanar rápidamente, sola y sin dejar secuelas. Pero si los síntomas como enrojecimiento del ojo y dolor duran más de 24 horas aun sin usar lentillas, es imprescindible consultar con un oftalmólogo rápidamente, e incluso ir a la sala de emergencias”, advierte el profesor Baudouin.

Los médicos clínicos y los farmacéuticos no tienen los instrumentos para evaluar la gravedad de las lesiones. Los colirios y pomadas antiinflamatorios con cortisona se desaconsejan rotundamente hasta obtener un diagnóstico seguro.

Durante la consulta, el oftalmólogo examina la córnea con un microscopio y toma una muestra para identificar posibles agentes infecciosos. Si la lesión no es grave, recetará un colirio antiséptico o con antibiótico si hay infección y si hace falta, también un tratamiento analgésico. Usualmente debe hacerse una visita de control al día siguiente para comprobar su eficacia.

Si se trata de una úlcera profunda infectada, el especialista requerirá la hospitalización. En los primeros días suele ser necesario instilar gotas cada hora, también durante la noche. Las lesiones más graves, sin embargo, son las producidas por salpicado de productos químicos que literalmente disuelven los tejidos oculares. En estos casos hay que operar de urgencia.

¿Cómo proteger la córnea?
Algunas precauciones pueden evitar accidentes. La más obvia es el uso de gafas protectoras para impedir la entrada de cuerpos extraños en el ojo, trátese de gotas de productos corrosivos (soda cáustica para desatascar fregaderos, cloro, ácidos, barnices,…) o partículas sólidas (de tierra, plantas, vidrios, metales,…).

Las gafas también protegen contra la radiación ultravioleta. Son esenciales para los deportes de invierno, ya que el riesgo de quemaduras aumenta con la altitud y el reflejo del sol en la nieve. Ciertas actividades profesionales también exponen a los rayos ultravioleta, lo que hace necesario protegerse.

Los arañazos de gato o de uñas de bebé son otra causa de lesión córnea. Atención también a los cepillos de máscara de pestañas. Maquillarse los ojos en los transportes públicos, lo cuales pueden frenar bruscamente, es una práctica arriesgada.

Las infecciones se potencian con el uso de lentillas, de manera que se deben seguir las instrucciones de mantenimiento y renovación: cambio diario de las lentillas diarias, lavado de las mensuales con una solución adecuada – el agua del grifo no es estéril – y guardarlas en una caja limpia. Retirarlas siempre para dormir.

Por último, conviene limitar los factores que pueden resecar los ojos: humo de cigarrillo, aire acondicionado, aire seco, trabajo prolongado frente a la pantalla del ordenador (sobre todo si está mal colocada), largas sesiones de lectura, viento, sol,… Las lágrimas artificiales, si se las aplica observando una higiene impecable, pueden ayudar a proteger la córnea.

A. Plessis

Fuentes:
– El profesor Christophe Baudouin es médico oftalmólogo, jefe de servicio del Hospital nacional de Oftalmología (CHNO) de Quinze Vingt, París, y secretario general de la Sociedad francesa de Oftalmología (SFO).
– Abcès de cornée, le risque majeur du port de lentilles de contact (Abscesos de la córnea, el mayor riesgo de usar lentes de contacto. L’Hopit@lien, n°3, septiembre de 2009

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