HISTORIAS DE SUPERACIÓN: ARIADNA, UNA JOVEN CON #STARGARDT

Ariadna Edo tiene el discurso típico de una adolescente. De una chica cualquiera que todavía deshoja la enésima margarita, para ver si con algo de suerte decide qué hacer con su vida: «Quiero ser profesional. Ir a varios Juegos, pero no sé qué haré después de los de Río. Me gusta entrenar, pero a veces me planteo: ‘¿Qué necesidad tengo de sufrir tanto?’». A esta castellonense de 17 años la ha atropellado la natación paralímpica. Y eso que ella lleva en la piscina desde los tres:

«Mis padres me apuntaron para que hiciera algo de deporte». Hace apenas dos años competía a nivel autonómico. Ni siquiera había oído hablar del deporte adaptado. Ni se había planteado que la enfermedad de Stargardt, una dolencia ocular genética que le afecta la retina y que le diagnosticaron en la pubertad, le abriese de par en par las puertas para unos Juegos Paralímpicos.

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«De momento no es operable, igual en el futuro, o pueden tratarlo con células madre. No puedo conducir y en clase voy perdida», comenta Edo, quien ha tenido que digerir una enfermedad sobre la que ahora se permite bromear.

Sabían de sus limitaciones los familiares, los profesores y su entrenador en la piscina. «No sé cómo me afecta porque tampoco sé como ven el resto de personas», afirma.

La castellonense trata de asentarse. Sobreponerse a la montaña rusa de emociones que han emanado brazada a brazada. Del bronce mundial en los 400 metros libre en categoría S12-S13 que se colgó el pasado mes de julio en Glasgow.

Sabe que por regla de tres, ese éxito la convirtió en favorita para subirse al podio el próximo verano en Río. «¿Medalla? Está claro que después del Mundial… Pero tercera, ¿eh? Más no lo veo», desliza con una sonrisa que, a decir verdad, la acompaña en todo momento: «La disfrutaría mucho por todo lo que he sufrido, pero se la dedicaría a mi familia, mi entrenador y mis amigos. Sin ellos no habría conseguido nada. Me apoyaron tanto que creo que fueron los que me levantaron en esos dos años en los que no me salían los resultados».

Cuando en Castellón construyeron la piscina de La Salera, Ariadna Edo empezó a nadar para el Acuàtic. Llegó a ir al Campeonato de España en relevos y se quedó a centésimas de la mínima de los 100 mariposa. Pero entrenaba por inercia. «Si tenía alguna cosa, no iba y no pasaba nada», comenta. Hasta que se marchó al Castalia, de nuevo por casualidad: «La mayoría de mis compañeros cambiaron de club porque no les gustaba en entrenador y decidí probar yo también».

Allí conoció a Vicente Richard. Su entrenador con mayúsculas. «Nos entendemos a la perfección. Cuando hablo con él me siento más tranquila», indica. «Fue entonces cuando empecé a entrenar más en serio, incluso doblaba, pero no me salían las cosas. Y entonces, por casualidad, me ofrecieron ser deportista adaptada. La oportunidad de nadar con gente de mis mismas condiciones. Moví los papeles», comenta Edo.

Disputó su primer Campeonato de España en 2013 y no pudo competir en el Europeo. «Hice mal las pruebas de la vista y no me pudieron inscribir ese año para competiciones internacionales», admite. Pero ya había dado el gran salto. «Desde el principio me lo pintaron muy bonito, me dijeron que era la oportunidad de ir a unos Juegos, y yo estaba nadando a nivel autonómico. Me dices hace dos años que voy a estar donde estoy, y no me lo creo», comenta.

Berlín siempre será el punto de partida de Ariadna Edo. Allí compitió por primera vez fuera de España. «Nadé como nunca», comenta respecto a un Open en que hizo once pruebas, batió dos récords de Europa y logró varias mínimas para el Mundial, entre ellas la del 400 estilos en que sería bronce.

La castellonense ya es otra. Una nadadora capaz de levantarse tras una decepción, como la que sufrió en el reciente Campeonato de España, donde logró dos mínimas B para Río (400 estilos y 100 mariposa). «Me da vergüenza, bajé seis segundos mi marca en los 400, pero venía de dos semanas difíciles. Había estado de exámenes, y falleció mi abuela Carmen. No pude venir a Castellón al funeral. Sabía que estaba mal y que podía pasar, pero me sentí fatal», comenta.

Tras unos breves días de reflexión, ya está centrada en el Europeo, que se celebrará en abril en Funchal. «Ahora me siento mentalmente más fuerte», asegura Ariadna Edo, quien, eso sí, sigue deshojando margaritas pensando en el futuro: «Me gustaría ser profesional de la natación, pero tampoco nado por dinero. No sé qué haré».

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