EL MINDFULNESS ACTÚA SOBRE EL ADN Y MEJORA LA AGUDEZA VISUAL

El investigador del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, Javier García Campayo, al frente del equipo que lidera la investigación de mindfulness en España, ha presentado los resultados de dos estudios que abren líneas de investigación punteras a nivel internacional y que reflejan que el mindfulness actúa sobre el ADN y las proteínas y previene el envejecimiento del cerebro.

 

El primero de ellos concluye que la meditación continuada alargaría la esperanza la vida y el segundo, realizado con el Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Miguel Servet, demuestra que meditar mejora la agudeza visual. En ambos casos, el equipo aragonés ha liderado grupos de investigación con participación de varias universidades españolas y otros investigadores internacionales.

El periódico británico ‘The Guardian’ ha citado recientemente las líneas de investigación que abre el novedoso estudio realizado por el equipo del doctor García Campayo, publicado en la revista académica ‘Mindfulness’ (EE.UU.).

En él se estudian meditadores zen con años de práctica meditativa e individuos sanos de la misma edad y sexo que nunca han meditado. Se confirma que la longitud de los telémetros (proteínas situadas en los extremos de los cromosomas y que correlacionan con la esperanza de vida) es significativamente mayor en meditadores. La conclusión es que la meditación continuada alargaría la esperanza de vida.

TELÓMEROS

Los telómeros son compuestos de ADN y proteínas, localizados en los extremos de los cromosomas y necesarios para la correcta replicación del ADN y la estabilidad cromosómica. La longitud de los telómeros se relaciona con diversas variables comportamentales, factores psicológicos y/o enfermedades, y ofrece una visión de la longevidad del organismo. Para llevar a cabo este estudio, se reunió a una muestra de veinte meditadores y veinte no meditadores. Destaca en los resultados, que la muestra de meditadores obtuvo valores significativamente superiores en la mediana de la longitud telómerica (MLT) y presentó un significativo porcentaje menor de telómeros cortos, siendo este un aspecto novedoso de este estudio.

En lo que se refiere a variables de mindfulness, la muestra de meditadores obtuvo una mejor puntuación en atención y conciencia, observación, descripción, no juicios, resiliencia, autocompasión, satisfacción con la vida y felicidad subjetiva.

En cuanto a la relación entre mindfulness y telómeros, en el estudio se observan dos factores que pueden desempeñar una función clave. Uno de ellos es la aceptación, medida como la ausencia de evitación experiencial (este estudio es uno de los primeros en mostrar que la aceptación está relacionada con la longitud de los telómeros). Y el segundo de ellos, tiene que ver con la compasión y uno de sus componentes, la humanidad compartida, una estrategia útil para la regulación emocional en la que no se evitan los sentimientos dolorosos o estresantes, sino que se afrontan conscientemente con bondad, comprensión y sentido de humanidad compartida.

El estudio se presenta bajo el título ‘La meditación zen, la longitud de los telómeros y el papel de la evitación experiencial y de la compasión’, y junto a Garcia Campayo, completan el equipo investigador Marta Alda, Marta Puebla-Guedea, Baltasar Rodero, Marcelo Demarzo, Jesús Montero Marin y Miquel Roca, ha detallado el Gobierno aragonés en una nota de prensa.

MEDITACIÓN Y MEJORA DE LA AGUDEZA VISUAL

Realizado con el Servicio de Oftalmología del Hospital Miguel Servet, el estudio sobre “evaluación de la función visual y cambios estructurales en la retina en los meditadores zen”, ha explorado la asociación con la práctica de mindfulness y el incremento de la neuroplasticidad del sistema nervioso central. Para llevar a cabo este estudio se reunió a una muestra de 18 meditadores zen y 38 no meditadores.

Entre las principales conclusiones destaca que la práctica de la meditación Zen se asocia a mejor agudeza visual (especialmente en el contraste y a la sensibilidad al contraste). También se encontró una correlación entre los parámetros funcionales y estructurales.

En concreto, entre el espesor de la capa de células ganglionares, en las áreas nasal e inferonasal, y la visión de color y la sensibilidad al contraste, lo que puede significar que las células ganglionares de la retina se adaptan al contraste visual.

En este análisis se ha implicado al completo el Servicio de Oftalmología del Hospital Miguel Servet, con Elena García Martín al frente, junto a García Campayo y el investigador de la Universidad de Sao Paulo, Marcelo Demarzo.

(c) 2015 Europa Press/Infosalus

 

 

 

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