TOXOPLASMOSIS OCULAR: BUSCAN PREDECIR SU EVOLUCIÓN A TRAVÉS DE UN ESTUDIO MOLECULAR

El oftalmólogo Marcelo Rudzinski trabaja en el área de investigación de UCAMI y tiene a esta enfermedad como objeto de estudio. Otras dos etapas tendrían como objetivo mejorar el diagnóstico serológico.

Marcelo Rudzinski es, desde 2015, investigador de la Universidad Católica de las Misiones (UCAMI) y tiene a la toxoplasmosis como objeto de estudio. En una charla con PRIMERA EDICIÓN habló sobre la investigación que le valió el primer puesto en trabajos científicos de presentación oral en el Congreso Conjunto de Oftalmología 2017, que permitiría predecir con un resultado molecular qué pacientes con toxoplasmosis ocular tendrán una evolución hacia la resolución más larga o complicaciones serias. 


Rudzinski se formó como médico en la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (USAL), y luego realizó su residencia en oftalmología en el Instituto de la Visión en Buenos Aires. Tras ello viajó a Montreal, Canadá, donde vivió cinco años. “Trabajé un año realizando una especialización clínica en uveítis (inflamación intraocular) en el Hospital Royal Victoria y después otros cuatro años en laboratorio en glaucoma en la Universidad de Mc Gill, ambos en Montreal”. Tanto la uveítis como el glaucoma son sus dos subespecialidades. En 2004 volvió a su Oberá natal donde comenzó a desempeñarse en forma clínica como oftalmólogo. En ese entonces reconoció la realidad de la uveítis por la toxoplasmosis y lo que provoca en las personas jóvenes, “sobre todo en la Zona Centro”. 
 
Cuando el parásito toxoplasma gondii ingresa al interior del ojo, produce inflamación intraocular. Esto se conoce como la uveítis. La mayoría de los pacientes que se infectan no presentan síntomas, pero hay un pequeño porcentaje que sí lo hace y, generalmente, los síntomas son oculares (visión borrosa y moscas volantes). “El este de Sudamérica, región comprendida por Misiones, así como por los estados brasileros de Río Grande Do Sul y Santa Catarina, presenta por sus condiciones climáticas, geográficas, composición étnica y también por las variantes parasitarias de esta región, una de las frecuencias más altas del mundo de lesiones oculares por toxoplasmosis en sus habitantes”, explicó Rudzinski a PRIMERA EDICIÓN y agregó que “en 2011 demostramos, con el doctor Alejandro Meyer, una alta prevalencia de lesiones cicatrizales en pacientes del departamento de 25 de Mayo. Observamos que hasta un 20% de los pacientes que le realizábamos fondo de ojo tenían cicatrices retinocoroideas”. Además, el 80% de la población de la Zona Centro tiene anticuerpos contra el parásito, lo que indica la que es una patología muy prevalente”. 
“Este hecho me llevó a centrar mis esfuerzos en la investigación en toxoplasmosis” porque “veo que en la Zona Centro hay un problema epidemiológico de importancia que merecía ser estudiado”, explicó Rudzinski.
 
Reactivación 
Una vez que el parásito llega al interior del ojo genera un cuadro inflamatorio que lesiona la retina y deja una cicatriz que puede ser periférica o central. En dicha cicatriz “permanece el parásito vivo y tiempo más tarde puede volver a despertar. De hecho, la forma más frecuente de presentación clínica es la reactivación de la toxoplasmosis ocular”, indicó el profesional. 
 
Según Rudzinski, en general los pacientes misioneros “se infectan durante la adolescencia o juventud, algunos hacen sus lesiones oculares en ese momento y no consultan porque no tienen síntomas. La consulta oftalmológica se produce durante la reactivación de la enfermedad ocular, unos años más tarde. Pacientes de entre 20 y 30 años de edad consultan por visión borrosa y moscas volantes. En el fondo de ojo se observa un área de inflamación retinal aledaña a una cicatriz. Esto se llama reactivación de la retinocoroiditis toxoplásmica”. 
 
El profesional indicó que “puede o no afectar a la visión central, puede ser en la periferia”, pero “casi un 40% de nuestros pacientes tienen afección central y esto afecta su capacidad de lectura y de trabajo”. Las posibilidades de contagio son dos: adquiridas y congénitas. “En general son más frecuentes los casos adquiridos; sin embargo los casos congénitos pueden ser muy severos debido a las lesiones cerebrales que puede provocar el parásito”, indicó el profesional.
 
Respuesta inmune
Desde 2015, en la UCAMI, Rudzinski se abocó a conocer la respuesta inmune de las personas contra el parásito en colaboración con la doctora Silvia Reina. “Había un antecedente de trabajo de 2013 en Colombia que mostraba que pacientes colombianos tenían un perfil de respuesta inmune diferente a pacientes franceses en Europa. Esa diferencia era atribuida a que el parásito en Colombia era distinto al europeo y eso es verdad y ya estaba bien determinado”, explicó. 

 
Para conocer de cerca el parásito misionero, el profesional trabajó en colaboración con la Facultad de Veterinaria de la Universidad de La Plata y en 2011 lograron aislar el parásito y determinar qué variantes hay en Misiones. “Vimos que las variantes parasitarias son diferentes a las existentes en la zona de La Pampa húmeda argentina y por el contrario similares a las que hay en el Sur de Brasil”. Fue así como Rudzinski decidió iniciar su tesis doctoral en toxoplasmosis ocular, “estudiando la respuesta inmunológica en Misiones porque la provincia tiene la particularidad de tener una población muy heterogénea con antecedentes aborígenes pero también con un componente muy alto de ancestralidad centro-este europea. Entonces Misiones tiene una condición especial: el parásito es similar al que se aisló en Colombia, pero aquí hay un componente muy alto centro-este europeo en la gente”. 
 
El proyecto fue presentado al Comité de Ética de la provincia, en el Hospital de Pediatría. “Se aprobaron los consentimientos, y se inició la inclusión de pacientes y luego el análisis de las muestras de los pacientes que ya habían sido incluidos”. Los pacientes son de localidades como Oberá, 25 de Mayo, San Vicente y El Soberbio “Se les sacó sangre y en algunos casos se les extrajo líquido intraocular”.
Con dichas muestras se buscaba conocer los niveles de interferón gama -la principal sustancia del sistema inmune que responde contra el parásito- durante una reactivación de toxoplasmosis ocular tanto en sangre como en líquido intraocular. “Vimos que en sangre el interferón gama baja abruptamente durante un período de reactivación y a nivel intraocular tiende a aumentar. Pudimos establecer una correlación negativa: cuanto más bajo están los niveles en sangre, más alto es a nivel intraocular. La importancia de esto reside en que los pacientes que tienen interferón gama elevado a niveles intraoculares son los pacientes que tienden a resolver su cuadro más rápidamente y sin complicaciones”, explicó el profesional. 
 
Entonces, “si existe una correlación negativa entre los niveles de interferón gama ocular y sanguíneo y si confirmamos estos resultados con mayor número de pacientes, podremos tener una idea de cómo va a evolucionar nuestro paciente midiendo simplemente el interferón sanguíneo, porque teniendo la muestra de sangre podemos ver en la curva de la correlación cuánto podría tener en el ojo”. 
 
Al respecto, Rudzinski señaló que “sabemos que quienes tienen interferón alto en humor acuoso son pacientes que tienden a evolucionar bien porque tienen una respuesta inmune efectiva contra el parásito”.
Existen una segunda y tercera etapa en este plan de investigación que se pretenden completar en los próximos dos años. Estas etapas tendrían como objetivo mejorar el diagnóstico serológico de la enfermedad. 
 
Primer premio en el Congreso
Este estudio se presentó en el Congreso que realizaron, de manera conjunta, la Sociedad Argentina de Oftalmología y el Consejo Argentino. Participaron más de 3.200 oftalmólogos de todo el país. Se presentaron pósters, trabajos científicos orales, videos y en la categoría de trabajo científico de presentación oral obtuvo el primer premio el trabajo de la UCAMI. “Yo soy la cara visible, pero en realidad es un grupo de trabajo en el que se encuentran la doctora Silvia Reina y Carina Argüelles, también autoras de este trabajo; el doctor Cristóbal Couto de Buenos Aires y el doctor José Oubiña, titular de la cátedra de microbiología de la Universidad de Buenos Aires”.
El profesional agradeció “a la UCAMI que me permitió continuar mis estudios de investigación en sus laboratorios, principalmente a la rectora Ana Foth, a la vicerrectora de investigación Carina Argüelles y a la directora del centro de investigación Silvia Reina. Especialmente a ellas, pero también a toda la comunidad UCAMI, a profesores y a todos los trabajadores; todos nos ayudan semanalmente”. Por otro lado, “agradezco el apoyo financiero de la Universidad, así también como el apoyo financiero de la Fundación Bronislada Kruchowski de Szychowski de la familia Szychowski y a Don Basilio SRL de la familia Okulovich”.
  
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