HISTORIAS DE SUPERACIÓN: ALEJANDRO DE MIGUEL, GOLFISTA

Jugar al golf sin ver es posible.

Alejandro de Miguel empezó a jugar al golf con seis años. “No le metía las horas que debía”, confiesa en una entrevista con Madridiario, a pesar de lo que alcanzó un alto nivel en competición nacional. “Sin ser tampoco una estrella”. Por aquella época, De Miguel ya padecía glaucoma, aunque aún no lo tenía diagnosticado.

“Tengo glaucoma de nacimiento. El glaucoma congénito como tal no es una enfermedad rara, pero sí que es verdad que, por lo menos antes, no se miraba a los niños. Es una enfermedad que suele estar más en personas mayores, a partir de 60, así que no se miraba”, cuenta.

Sin embargo, por casualidad, en una revisión de miopía detectaron que algo fallaba en su tensión ocular. Las pruebas confirmaron el diagnóstico: Alejandro padecía glaucoma de nacimiento y la enfermedad llevaba “campando a sus anchas” durante diez años. El 90 por ciento del nervio óptico estaba dañado y la vista aguantaba, apenas afectada por ese disfraz de miopía, gracias a otra casualidad que hacía que sus córneas fueran más anchas de lo normal. “Pero el glaucoma no tiene cura; sabíamos desde entonces que esto tenía una fecha de caducidad”, relata De Miguel.

A los 23 años, la enfermedad se reactivó y Alejandro empezó a perder visión. El golf empezó a hacerle sentir “incómodo”. “Ves salir la bola, pero no sabes dónde cae, así que tenía que estar preguntando… terminé dejándolo”, cuenta. Ahora, tres años después, conserva menos del 4 por ciento de visión y acaba de proclamarse subcampeón del mundo ISPS Handa Italian Blind Golf Open.

Alejandro de Miguel, tras la entrevista, en la sede de Madridiario (Foto: Kike Rincón)

El Circuito de Golf Adaptado

De nuevo, una casualidad desencadenó su vuelta al Green. Una mañana, escuchando la radio, dio con una entrevista del periodista y director de Elperiodigolf Guillermo Salmeróna Pablo Cabanillas, responsable del Circuito de Golf Adaptado en Madrid.

“No hay ninguna discapacidad que te limite a la hora de jugar al golf”

“Pablo comentaba que al golf podía jugar todo el mundo, que realmente no había ninguna discapacidad que te limitase a la hora de jugar. A mí se me ocurre llamar a la radio. No sabía ni si se podía jugar en mi caso, pero dio la casualidad –otra- de que había también en la radio dos personas que en ese momento estaban montando una asociación específica de jugadores de golf invidentes, me pusieron en contacto con ellos y nos pusimos manos a la obra”.

El tándem jugador-guía

En su vuelta, Alejandro tuvo que reaprender a jugar al golf en algunos aspectos. Asegura que el haber jugado de pequeño supone “una ventaja”, porque aprender a jugar sin haber visto nunca “es muy difícil”.

Ahora, De Miguel va siempre acompañado de su guía, Rafael Martín. “Rafa me ayuda a colocarme a la bola y me describe el golpe; me dice si son 50 metros, 100, 200, los que haya, y si tengo que apuntar un poco más a la izquierda o a la derecha. Una vez está todo, es ejecutar el golpe”, explica. “El juego sigue siendo exactamente igual, solo que es otra forma de jugar distinta. Un deporte individual que al final se convierte en un deporte de equipo”, añade.

Entre guía y jugador, cuenta, surge una conexión especial y un lenguaje propio. “Yo lo noto. No es lo mismo jugar con amigos o con mis padres, con cualquier otra persona que con él. La gente visualmente no mide de la misma forma y yo ya sé cómo son sus distancias. Eso es muy importante, porque tener esas referencias de distancia son las que al final te van a hacer darle bien o darle mal”.

El trabajo de Alejandro ha sido el de adaptarse a las nuevas circunstancias, que pasan también eliminar la necesidad de información que el cerebro pide a los ojos y ceñirse a las indicaciones del guía a la técnica de golpe. “Antes, mi cabeza seguía pidiendo toda la información que yo antes tenía. A medida que he ido trabajando, me he dado cuenta de que hay parte de esa información que ahora no necesito”.

Ese ir a lo sencillo es, de hecho, una técnica que ha utilizado el golfista Sergio García a la hora de patear, cerrando los ojos. “Él se presionaba mucho con esos golpes, veía el hoyo, empezaba a pensar muchas cosas, se ponía nervioso y fallaba. Tuvo una temporada pateando con los ojos cerrados para concentrarse, no estar pendiente de lo que le rodeaba y solo patear. Y coincide en el que ha sido su mejor año”.Fechas clave

En España no existe un circuito específico de golf para invidentes, sino que compiten en el de Golf Adaptado junto a jugadores con otras discapacidades físicas. Fuera de España, existen Federaciones de golfistas ciegos en EEUU, Canadá, Sudáfrica, Reino Unido y Australia, algunas de ellas con más de 50 años de historia y con un total de federados que supera los 5.000.

“Nosotros nos planteamos tratar de hacer lo mismo; evidentemente nos llevan muchísimo adelanto, pero hay que poner algún día el primer ladrillo”, asegura De Miguel, y añade que llevan tres años trabajando en ello “poco a poco”. Por el momento, se inscriben en torneos sociales, en los que se miden a golfista sin discapacidad, y dentro del circuito adaptado.

Ahora, el foco está en abril, en el US Open. Antes, en febrero, participarán en el Campeonato de España, aunque no es específico de discapacidad visual. Sí lo será el que preparan de cara a 2020, el primero que se dispute con estas características en nuestro país. Además, a finales de julio acudirán también al Open británico a finales de julio.

Otra de las fechas marcadas en el calendario de Alejandro de Miguel es la decisión en febrero de si el golf se convierte, tal y como todo parece indicar, en deporte paraolímpicoen París 2024.

Adaptación universitaria

Además de dedicación al golf, Alejandro estudia Administración y Dirección de Empresas en la universidad madrileña Alfonso X El Sabio, una faceta en la que también ha tenido que adaptarse a sus nuevas circunstancias. “El tema de la vista me pilló justo en mitad de la carrera y la tuve que dejar durante un año mientras me adaptaba”. Después, junto a la ONCE, presentó un proyecto a la Universidad que le permitiera acabar sus estudios. “La UAX nos dio todas las facilidades y voy sacando asignaturas”, relata.

Aunque asegura que ha sido un proceso complejo, considera que terminó siendo más fácil de lo que pensó en un principio. “Hay muchas herramientas que ni piensas que puedan existir”, concluye.

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