Baja Visión: cuando ver menos resulta insorportable

Sucede un día, sin preverlo, como casi todas las cosas importantes de la vida. En una revisión rutinaria, el oftalmólogo te dice que la retina no está bien. «No es un problema de refracción, tampoco un tema de edad, ni siquiera se cura con una operación».«Pero ¿qué sucede, doctor?».«Tiene usted una patología genética, no sé aún su nombre; es una enfermedad rara que cursa con la pérdida gradual de la vista. A partir de ahora tendrá baja visión, no será ciego pero padecerá ceguera legal»…

Si cualquier discapacidad resulta insoportable cuando es sobrevenida, despertarte cada mañana viendo un poco menos, puede ser cuanto menos, desolador. Y así sucede la historia de cualquiera de esas personas que como usted o yo, pueden verse afectados por una enfermedad que cause baja visión un día cualquiera.

Este concepto, que no se entiende cuando vemos correctamente, supone que lo que antes tenía una referencia, sea, algo que ya no tiene letras, acaso cambia de color o no es lo que parece ser. Estudiar, caminar, ir en metro o pedir un pincho en un bar puede resultar una empresa compleja cuando no se aprende o si se hace, ya se es muy mayor.

Las discapacidades sobrevenidas, todas ellas, tienen un punto de inflexión cuando tenemos que partir de cero y olvidar todo cuanto sabemos; todo eso que nos permitía ser personas autónomas. Ser independiente supone un esfuerzo mayor en todos los órdenes de la vida. Desde la readaptación a la propia enfermedad hasta readecuar los espacios en donde antes comías, dormías o guardabas la ropa.

Aprender nuevas técnicas, explorar y frustrarte porque no puedes leer, tardas en estudiar, no sabes qué pone, no ves la película, no puedes cruzar una calle, no sabes quién actúa si acudes a una obra de teatro, etcétera, puede llegar a hacer que cada día sea más complejo que la jornada anterior.

Dentro del psiquismo del afectado, se debe hacer un duelo importante porque la pérdida es gradual y por tanto, el anterior no termina nunca. Siempre hay un poco más; un poco peor; algo incluso insoportable a tal efecto. Y así sucede. La pérdida de la visión de forma gradual; la pérdida de todo lo conocido hace que se cree un universo distinto en donde vivir de por vida.

La memoria visual se irá apagando con el tiempo y lo reconocido se perderá en aquellos retazos de historia en donde se hilaban sentimientos, emociones y alguna imagen distorsionada que nos permitirá, acaso, revivir lo anterior.

Este relato lo escribí hace ocho años; acaso cuando el mundo cambió en un segundo un cinco de marzo. Un papel, un diagnóstico y un mundo por elaborar. El hasta ahora conocido se enterró en aquella tarde de una incipiente primavera:

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